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Esculpe tu vida

El adiós como parte de nosotros

Crecimiento personal apego

 ¿Nos ha costado desprendernos de algo?


En muchos momentos de nuestra vida hemos tenido que tomar decisiones sobre el adiós, desprendernos de algo que fue significativo para dejar paso a lo nuevo, o simplemente al espacio.

Los seres humanos tenemos un gran apego, sobre todo si no trabajamos el deshacernos de las cosas que ya no nos hacen falta.

Muchos acumulamos armarios y cajones llenos de momentos que se quedan en el recuerdo y que nunca más volvemos a abrir. Para seguir adelante hay que dejar paso para que entren nuevos elementos.

Todo aquello que poseemos y tuvo un sentido en nuestro pasado, ahora podemos dar un nuevo sentido en la vida de otras personas. Todo aquello que guardamos y esperamos recuperar algún día. Ese día no llega nunca.

Tener que sacar para poder entrar.

 

Hoy es un gran momento para empezar a sacarte de encima todas esas cargas que creías que ibas a utilizar y ahora son solo recuerdos que ocupan un lugar en tu espacio.

Libera ese espacio y nuevos momentos llegaran para disfrutarlos. Acumularlos no sirve realmente para nada. Vaciar tu espacio te servirá para que tú también te sientas mejor.

Cuando se comprende que el desapego por lo material es solo un sentimiento superfluo, que está ahí porque lo queremos mantener, entenderás que no es tan difícil deshacerte de esos elementos que incluso algunos de ellos pudieran albergar sentimientos.

No tomes este acto como el de lanzar objetos, tómalo como una especie de liberación de tu pasado. Conservar sin cabeza no sirve más que para quedarte estancado en el pasado.

La vida es un ciclo y necesita de movimiento constante, tenemos que ayudar a producir esos giros con nuestros actos.

La dinámica en nosotros es constante, no la paremos con nuestro apego.

 

En un mundo que no para de girar la quietud es importante para realizarnos. Sentir que estamos liberados de cargas es tan importante como respirar bien.

Nuestros actos de bondad hacia los demás se verán reflejados en nosotros aún sin quererlo. Donar todo aquello que ya no necesitamos para nosotros es un gran progreso con uno mismo como con los demás.

Todos formamos parte de un mismo mundo y él nos necesita para el equilibrio como nosotros necesitamos la gravedad para tener los pies en el suelo.

Tomemos la determinación de buscar nuevas rutas, quitarnos las capas para que las vistan otros, dejar ver que somos lo que realmente queremos ser, generosos de corazón con todos.

Una vez más, el apego hacia los objetos no nos hará sentirnos diferente y en equilibrio. Cojamos nuestra bolsa de buena fe y llenémosla para que otros lo puedan disfrutar.

No hay nada que nos haga más rico que compartir sin querer más que la felicidad de los que nos rodean.